“Eso que viene cada mes”. “Estás en tus días”. “La amiga ha llegado”. “La tía”. Hay muchas formas en las que nos referimos al ciclo menstrual sin realmente nombrarlo ni hablar de lo que implica. Y si ya cuesta hablar de menstruación, ni hablemos de la menopausia: sigue siendo aún más tabú.
El estigma que rodea tanto a la menstruación como a la menopausia y andropausia es casi tan grande como la importancia de hablar de ellas. Hoy nos centraremos en el ciclo menstrual; la menopausia la abordaremos en futuras entradas.
Si todo va bien y nuestro cuerpo funciona con normalidad (y no intervenimos en el ciclo), recorreremos estas fases mes a mes, en un ritmo cíclico que nos acompañará durante años, hasta la llegada de la menopausia. Todas esas etapas tienen sus luces y sombras. Lo que tienen en común es que nos atraviesan, nos afectan. Y no solo a las personas que menstrúan, sino también al entorno. Por eso es importante que todos y todas hablemos del tema, nos informemos y lo entendamos. No es “cosa de chicas”.
Durante el ciclo menstrual pasamos por las siguientes fases: la menstruación (cuando inicia el ciclo), la preovulatoria, la periovulatoria (son los días alrededor de la ovulación, esta solo dura un día) y la postovulatoria o lútea (los días antes de la regla). Hay autoras que las nombran de forma distinta. Por ejemplo, Miranda Gray, en Luna Roja, las asocia con arquetipos femeninos: la Virgen, la Madre, la Hechicera y la Anciana Bruja.
¿Qué caracteriza cada fase?
Fase menstrual (Anciana Bruja)
Solemos sentir más calma, tristeza o recogimiento. Es un periodo que invita a una reflexión más profunda sobre la vida y sobre lo que estamos haciendo. El deseo sexual suele volverse más íntimo, más centrado en la conexión emocional con la otra persona que en una energía más explosiva.
Fase preovulatoria (Virgen)
Solemos sentirnos más energéticas, entusiasmadas y enfocadas. Esto suele traducirse en una mayor claridad mental, capacidad de planificación y toma de decisiones. También es posible que el deseo sexual comience a elevarse. La energía que sentimos en esta fase suele ser notablemente alta.
Fase periovulatoria (Madre)
Solemos experimentar más empatía, generosidad y amor. Tenemos una mayor tendencia a enfocarnos en los demás e incluso, a veces, a olvidarnos de nosotras mismas. Son emociones orientadas hacia la conexión con el entorno. El deseo sexual alcanza su pico, ya que se produce un aumento en los niveles de estrógenos y de la hormona LH. La energía física y emocional en esta fase suele estar en su punto más alto.
Fase postovulatoria (Hechicera)
Suele caracterizarse por una mayor sensibilidad y una conexión más profunda con la intuición. El rendimiento en el deporte suele verse alterado. Es un momento propicio para la reflexión, en el que a menudo buscamos confrontar ideas y nos sentimos más vulnerables emocionalmente. El deseo sexual puede ser muy intenso y emocional o, por el contrario, disminuir notablemente. Los últimos días de esta fase es frecuente sentir más irritabilidad, tener antojos y sentirse más vulnerable.
En la fase menstrual y postovulatoria, la energía tiende a disminuir. Es común sentirnos más críticas con nosotras mismas, más vulnerables a las críticas externas y más conectadas con nuestro mundo interno. En estos momentos, el filtro que normalmente nos ayuda a regular qué decimos y cómo lo decimos puede volverse más difuso. Por eso, es clave preguntarnos si es el mejor momento para abordar ciertos temas o si es preferible esperar. Responsabilizarme de mis reacciones es parte del proceso, pero también lo es comunicar lo que necesito, para que mi entorno comprenda cuándo estoy más sensible o necesito más apoyo.
Conocer nuestro ciclo para cuidarnos mejor
Conocer nuestro ciclo y cómo nos afectan sus fases nos da información valiosa. Nos ayuda a cuidarnos mejor y a relacionarnos de forma más consciente con los demás.
Quiero recalcar un punto importante. Hablar de que en una fase del ciclo hay más deseo sexual que otra no quiere decir que las mujeres solo quieran tener relaciones sexuales en una fase específica o que si están ovulando les va a apetecer. La sexualidad en pareja no depende solo de la libido, sino también de la conexión emocional, de cómo se gestionan las tareas del hogar, del nivel de estrés, de los conflictos que se estén atravesando, etc. El deseo sexual está profundamente vinculado con la seguridad en el vínculo y con la relación con una misma.
Un sistema que ignora la ciclicidad femenina empuja al burnout y al autosabotaje. Respetar este ritmo previene el agotamiento, potencia un rendimiento sostenible y mejora la relación con una misma. Si me conozco y sé que durante la fase premenstrual y menstrual me va a costar más centrarme en tareas que requieren mucho detalle, puedo intentar descansar más y cuidar mi alimentación para tener más energía, evitar conversaciones que me desgasten, posponer tareas para más adelante y buscar ayudas —internas o externas— que me apoyen para atravesar cada fase de la mejor manera posible.
Y si no hay nada que pueda modificar, puedo hablarme con más amabilidad en esas fases, recordando que el rendimiento no es lineal sino cíclico, y que estar más ofuscada una semana no significa que vaya a ser así siempre.
Si mi entorno entiende las fases por las que paso, podrá acompañarme mejor y comprender que mis necesidades cambian a lo largo del mes, y eso es algo completamente normal.
¿Y qué pasa con los anticonceptivos hormonales?
Es importante recordar que los anticonceptivos hormonales suelen suprimir la ovulación y, con ello, el ciclo hormonal natural. Esto significa que el sangrado que se produce no es una regla real, sino una regla falsa. Por tanto, no experimentamos las fases psicológicas naturales del ciclo, sino otras fluctuaciones diferentes.
Es normal que la menstruación cause algo de dolor o incomodidad, y que a veces necesitemos algún analgésico para sobrellevarlo. Sin embargo, no es normal que el dolor nos invalide durante varios días. Si esto sucede, es fundamental acudir al médico especialista para investigar qué puede estar provocando ese dolor, comprender qué le ocurre a nuestro cuerpo y realizar las pruebas pertinentes.
Escucharnos es el primer paso. Cuando comprendemos nuestro ciclo y le damos espacio para manifestarse, nos permitimos vivir de forma más auténtica y en armonía con nosotras mismas. Aprender a respetar nuestra ciclicidad es cuidarnos, es reivindicar nuestro bienestar y encontrar nuevas formas de relacionarnos con nuestro entorno y con nosotras mismas.
Bibliografía
– Gray, M. (2024). Luna roja: Emplea los dones creativos, sexuales y espirituales del ciclo menstrual (14.ª reimp.). Gaia Ediciones.
– Ocampo Rebollar, A. (2017). Cambios emocionales relacionados con cambios hormonales durante el ciclo menstrual de la mujer.